Purée d’Astragale, Sialouze (ECRINS)
Aiguille de Sialouze, Écrins
Esta iba a ser la última vía larga del viaje por los Écrins y, además, todos intuíamos que sería la joya de la corona. Yo llevaba años echándole el ojo a esta tapia. Bueno, más concretamente, a la foto gigantesca de la pared de Sialouze que hay en el camping de Ailefroide y que uno mira mientras se toma un café pensando: “algún día…”. Tenía muchísimas ganas de conocerla y hacer esa vía. Otra de las obras maestras del gran Jean-Michel Cambon en los Écrins.
Después de las vías que hicimos en el Tour Termier y en el Tête d'Aval de Montbrison, pusimos rumbo a Ailefroide. Allí descansamos una noche, nos echamos unas buenas risas viendo la Eurocopa —España estaba on fire— y al día siguiente arrancamos hacia el refugio de Sélé. Un par de horas de caminata con mochilón serio por un valle espectacular que también conduce hacia el Pelvoux. Paisaje alpino de postal… y nosotros sudando como transportistas ilegales de friends.
Las cordadas y los objetivos ya estaban decididos. Los pura sangre del grupo, Antoine y Dani, irían a por Unchi Maka: una vía cotada ED+, con largos de séptimo y hasta un octavo. Gente claramente desubicada del planeta Tierra.
Mientras tanto, Rober, Chamo y yo nos conformábamos con su vecina, la muy recomendable y aparentemente más humana Purée d’Astragale: “solo” un ED de 400 metros. Esa palabra, “humana”, luego demostraría tener interpretaciones bastante amplias.
Como siempre que me toca enfrentarme a un ED o ED+, especialmente en un entorno alpino, llegó la clásica noche de insomnio. Vueltas en la litera. Mil pensamientos. Repaso mental de friends, fisureros, reuniones, caídas, seguros dudosos y decisiones vitales equivocadas desde 1995. Probablemente sea la parte que más odio de este tipo de escaladas, y cada vez la llevo peor. La valentía serena nunca ha sido exactamente mi superpoder.
Madrugón y salida del refugio al amanecer. De esos momentos que hacen que merezca la pena todo el sufrimiento previo.
Para llegar a la vía hay que atravesar un glaciar, así que antes de llegar a la pared, paramos, crampones, piolet y para arriba. Encontrar el pie de vía fue sencillo, algo que en la escalada ya cuenta como pequeña victoria del día.
Al ir en cordada de tres nos repartimos los largos: yo lideraría la primera parte, Chamo tomaría el relevo a partir del 7a+ y Rober remataría los largos finales. Dejamos mochilas y botas al pie de vía, porque pensábamos rapelar luego por la línea de Dani y Antoine. Spoiler: aquello no iba a salir exactamente así.
La pared es espectacular. De esas que se te quedan grabadas en la retina durante años. El granito es muy bueno, aunque en algunos tramos tiene ese punto arenoso tan típico que hace que la adherencia no termine de inspirarte demasiada confianza. O dicho de otra manera: el pie aguanta… pero tú no acabas de creerlo.
Además, tenía toda la pinta de que éramos de las primeras cordadas de la temporada. Es decir, nos tocaba el granito “edición invierno”, todavía con arena de regalo incluida.
Los largos fueron cayendo. Algunos seguros fijos, muchas fisuras y protección bastante lógica. El famoso 7a+ está muy bien equipado, algo que Chamo pudo comprobar personalmente después de pegarse un buen “chimponazo”. Ensayo dinámico de material, podríamos llamarlo.
Y a partir de ahí, la vía mejora muchísimo: varios largos de 6b increíbles y una chimenea espectacular. Recuerdo a Chamo gritando:
—¡¡¡Rober!!! ¡¡¡Esto es una locura!!!
Y la verdad es que tenía razón.
Pero si hay una palabra que define este viaje, y especialmente esta pared, es laminoir. Así llaman allí a una especie de híbrido infernal entre laja, fisura, chimenea y castigo psicológico. No llega a ser off-width, pero tampoco una chimenea normal. Es, básicamente, un lugar donde la dignidad humana desaparece lentamente.
Nunca olvidaré ver a Dani en su vía, peleando un largo de 7b que era un laminoir entero. Creo sinceramente que jamás había visto a un ser humano contorsionarse de esa manera para progresar. Después de una batalla titánica, entrando varias veces en la postura que yo bauticé como “posición flamenca” —mano hacia atrás haciendo oposición contra la laja, mezcla de bailaora y exorcismo— consiguió llegar a la reunión encadenando.
Yo, de mayor, quiero ser como Dani.
Las dos cordadas alcanzamos la cumbre prácticamente a la vez. Había salido todo perfecto. Y claro, eso significaba que el desastre estaba a punto de empezar.
Porque quedaba bajar.
Y ahí comenzó el verdadero alpinismo.
Algunos apuntes útiles:
Nosotros la hicimos a finales de junio. Al ser un granito bastante arenoso, probablemente sea mejor esperar algo más avanzada la temporada para que otras cordadas hayan hecho parte del trabajo de limpieza gratuitamente.
Los L1, L2 y L3 son más de transición, aunque con bastante ambiente alpino y algunos parabolts dispersos.
L4: empieza el mambo. Un 7a+ duro, pero muy bien protegido y muy bueno.
A partir de ahí, todos los largos son excelentes. Especial mención al L11, una chimenea espectacular con sorpresa final incluida.
Todas las reuniones tienen al menos un parabolt. La vía está equipada donde hace falta y las protecciones flotantes resultan bastante evidentes. Debe obligar alrededor de 6b.
Datos prácticos:
Horario: Entre 6-8 horas de escalada.
Aproximación: esde el refugio de Sélé tomar el sendero hacia el oeste y luego remontar hacia el norte el valle glaciar que conduce a la pared de Sialouze.
Descenso: desde la cima hay que ir hacia la derecha para localizar la línea de rápeles, unos 30 metros más allá. Son 10 rápeles bien equipados. Si no haces el canelo —concepto importante— deberías tardar aproximadamente 1h30. Después queda regresar al refugio cruzando el glaciar: entre 1h y 1h30 más.
En teoría, porque en nuestro caso, desde la cima hasta el refugio tardamos unas siete horas. Cosas del alpinismo.
Reseñas: https://www.camptocamp.org/routes/54578/fr/aiguille-de-sialouze-puree-d-astragale
Track de aproximación y descenso: https://es.wikiloc.com/rutas-escalada/refugi-de-sele-a-aiguille-de-sialouze-per-ventre-a-terre-177596215. Este es el track desde el refugio de Sélé hasta la vía Ventre a Terre que se encuentra mas a la derecha de la nuestra.
Como decía, la idea inicial era rapelar todos juntos por la vía de Dani y Antoine. Sobre el papel parecía sencillo. Sobre el terreno apareció un collado bastante incómodo entre ambas líneas y vimos claro que unirnos a ellos implicaba montar un tinglado importante.
Así que decidimos bajar por la línea de rápeles “oficial”, la que marcan los croquis.
Y ahí cometí el primer error.
Vi a otra cordada rapelando por allí y automáticamente asumí que sabían lo que hacían. Grave error. Una de las lecciones más importantes que me han dado los años de escalada y alpinismo es que los demás normalmente tienen exactamente la misma idea que tú. O menos.
Ellos se equivocaron de reunión y se fueron demasiado a la derecha. Y yo, obediente como un burro con orejeras, fui detrás. Acabamos en una reunión de clavos con un aspecto… digamos… espiritual.
Ellos siguieron bajando, pero cuando recuperamos nuestras cuerdas —después de un rápel diagonal maravilloso— se quedaron enganchadas.
Primer festival.
Tocó volver a trepar para recuperarlas.
Después vino el debate clásico:
—¿Seguimos por esta línea rara o intentamos recuperar la original?
Chamo apostó por recuperar la línea correcta. Otro rápel diagonal. Y, por supuesto, otro enganchón monumental.
Segundo festival.
Más horas. Más dudas existenciales.
Y por si no era suficiente, en algún momento conseguimos volver a equivocarnos de reunión y seguimos rapelando por otro sitio distinto. A esas alturas ya no descendíamos: improvisábamos verticalmente.
Finalmente alcanzamos el pie de pared.
Pero no el de nuestra vía.
Habíamos llegado lejos de donde dejamos mochilas y zapatillas. Así que tocó cruzar el glaciar en gatos para recuperarlas. Una experiencia altamente recomendable para fortalecer nuestra relación de trío… o destruir amistades alpinas.
Con la ultimísima luz conseguimos recuperar el material, ponernos los crampones y comenzar el descenso nocturno al refugio. Llegamos cerca de medianoche, después de haber terminado la vía antes de las cinco de la tarde.
Dani y Antoine salieron a recibirnos a la puerta del refugio, preocupados porque llevábamos desaparecidos horas. Eso sí: aparecieron envueltos en mantas y tiritando como supervivientes de una expedición polar. Su propia odisea de descenso había sido incluso peor que la nuestra.
Pero esa ya es otra historia…