Catalunya Ye Ye, peña montañesa
Catalunya ye ye, Peña Montañesa
Cuando Antoine me propuso escribir sobre algunas de las vías que hemos escalado en estos últimos años, la primera que me vino a la cabeza fue, sin ninguna duda, Catalunya ye-yé, en la Peña Montañesa. Y no porque sea la más exigente —ni mucho menos—, ni tampoco la mejor que he hecho, aunque sí es una vía muy disfrutona, sino por la historia personal que hubo detrás de aquella jornada.
Como casi siempre, teníamos nuestro clásico plan de escalada exprés: viajar la tarde-noche anterior, escalar al día siguiente y regresar esa misma noche a casa con la familia. Es un formato que, como padres, suele encajarnos bien y que nos permite seguir manteniendo el vínculo con la pared. Además, por circunstancias personales bastante difíciles, en aquella época me estaba costando muchísimo encontrar siquiera un solo día para salir. Pero, por fin, lo habíamos conseguido cuadrar.
Me dirigía a casa de Antoine para recogerlo y arrancar el viaje cuando, de repente, mientras conducía la furgoneta, noté que iba a sufrir una crisis de vértigo. Hacía unos meses que, por primera vez en mi vida, había empezado a padecer episodios así: vértigos que desembocaban en vómitos, mareos y una incapacidad total para mantenerme de pie o incluso abrir los ojos. Quien los ha sufrido sabe bien hasta qué punto la experiencia puede ser terrible.
No llegué ni a casa de Antoine. A apenas cien metros, conduciendo a veinte por hora, tuve que parar. Al intentar salir de la furgoneta vomité y caí al suelo. Dio la casualidad de que en ese mismo momento Antoine paseaba al perro; me vio, me ayudó a incorporarme y consiguió llevarme hasta su casa, donde seguí vomitando lo indecible antes de tumbarme en el sofá.
Parecía evidente: el viaje y la escalada se habían terminado antes de empezar. Porque estas crisis no eran cosa de una hora; después me dejaban varios días —a veces incluso semanas— con una sensación de malestar general que remitía muy poco a poco. Pero no podía ser. Quería escalar. Mejor dicho: NECESITABA salir a escalar.
Así que, una hora más tarde, como pude y casi sin voz, le dije a Antoine que me montara en la furgo, que condujera él y que, si al final al día siguiente no podíamos escalar, yo pagaba el viaje. Pero necesitaba, al menos, intentarlo.
Durante todo el trayecto no abrí prácticamente los ojos. Incluso cuando ya estábamos a unos doscientos kilómetros de Madrid estuve a punto de pedirle que diera la vuelta, porque aquello parecía no tener ningún sentido. Pero seguimos. Llegamos, me metí directamente en el saco sin cenar y pusimos el despertador a las 6:30.
A la mañana siguiente me levanté con esa sensación extraña de resaca física y mental, pero pude desayunar. Y dije: adelante.
Increíblemente, a lo largo del día escalé como pocas veces he escalado: fluido, concentrado, encadenándolo todo. Fue una jornada maravillosa, rematada con una bajada a base de rápeles y una pequeña merde —como diría Antoine— al equivocarnos en el descenso y acabar metidos campo a través entre coscojas.
Llegamos a la furgo con unos cuantos arañazos de recuerdo en las piernas y brazos, y emprendimos la vuelta a casa. De nuevo condujo Antoine, porque a mí me llegó la temida bajona… Volví a los infiernos.
La vía es obra de uno de nuestros referentes, Albert “Ganxets”. Los grados me parecieron en general amables, aunque quizá esa percepción estuviera condicionada por el extraño estado de trascendencia en el que me encontraba aquel día. La roca es buenísima, como casi siempre en la Montañesa, y a partir del cuarto largo la escalada se vuelve más plaquera y la calidad general mejora notablemente. Cuanto más arriba estás, mejor se pone la vía.
Algunos apuntes útiles:
En un gendarme, en el pie de vía, está marcado el nombre de Catalunya ye ye.
El L2, lo hicimos por la variante de la derecha 7a.
Los L6 y L7, son dos séptimos muy muy buenos. Unas placas con algún desplome que se escalan con tendencia hacia la izquierda siguiendo las chapas.
A partir del L4 la vía mejora en calidad como he comentado anteriormente. Sin desmerecer los largos anteriores.
La vía está bastante equipada en general y la protección con seguros flotantes es evidente.
Datos prácticos:
Horario: 5 horas aprox.
Aproximación: Desde el parking de Ocins que indica la reseña una hora de subida por un camino a veces no muy marcado.
Descenso: Una vez acabada la vía hay que ir a la derecha a buscar la instalación de rápeles que evita la travesía que hemos hecho hacia la izquierda en los dos últimos largos. Entre 1h y 1h15 de rápeles desde la cumbre y unos 40 minutos, si no hay equivocaciones, de bajada desde la base de la pared. Pero como he comentado, el camino, por lo menos en aquella época, estaba poco marcado y puede ser fácil despistarse.
Reseñas: albertganxets.blogspot.com
Track de aproximación y descenso: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/aproximacion-pared-sur-pena-montanesa-cataluna-yeye-233123014
Esta escalada me demostró hasta donde puede llegar a veces la cabeza cuando la motivación aprieta de verdad. Lo recuerdo muchas veces cuando siento que no voy a poder con una vía.
Esa sensación es por falta de la motivación suficiente, casi siempre podemos sufrir un poco más.